La Cabeza del Dragón (parte II)
Como explicábamos anteriormente, el feng shui trata movimientos del chi o energía vital en el paisaje, de las leyes que gobiernan este movimiento y de cómo las construcciones humanas lo modifican. El chi se genera por el concurso armonioso de una fuerza Yang con una fuerza Yin, o una fuerza masculina con una femenina. En el paisaje, los actores principales en la generación del Chi son la montaña y el agua. En donde ambos confluyen armoniosamente se producen zonas de chi generativo, muy propicias. Pero ¿qué sucede en los lugares en donde no hay montañas? ¿Será imposible allí generar chi? Sabemos que la actividad humana puede modificar las condiciones naturales de un paisaje, a veces para bien, a veces para mal. Veamos un caso en el cual se modificó para bien, creando condiciones de chi generativo.
Buena parte de la costa de la provincia de Buenos Aires es una inmensa extensión de dunas. Durante años esos lugares se mantuvieron prácticamente inhabitados, pero hoy prosperan allí varias ciudades balnearias. La transformación de esta región la inició Carlos Gesell en 1931, cuando adquirió (para desazón de su familia) unas 1600 hectáreas de una franja costera de dunas con el propósito de forestarlas y producir madera para su fábrica de muebles para niños. Para tener una idea de las dificultades de la empresa, en ese momento no había caminos que llevaran al lugar y el transporte debía hacerse con carretas a caballo. La primer casa que construyó en las dunas tenía cuatro puertas, una hacia cada punto cardinal, ya que la arena se movía continuamente y frecuentemente obstruía uno o más lados de la casa. Todos los árboles que plantaba se secaban rápidamente pues las raíces no lograban progresar en la arena; en 1934 trajo especialmente de Alemania a un ingeniero agrónomo que después de muchos intentos declaró que era imposible que algo creciera allí y se fue. Gesell, en cambio, no se dió por vencido. Hizo innumerables experiencias; se calcula que plantó a mano unos 120.000 árboles y finalmente encontró una especie, la Acacia Trinervis, que logró crecer en la arena y sirvió de base para plantar otros árboles. La hazaña no obstante le costó diez años de trabajo, su matrimonio y casi todo su capital, de modo que en 1941 construyó una pequeña casa para alquilarla durante el verano. El lugar creado por Gesell era ahora agreste pero muy bello y la gente comenzó a hablar de la "Villa Gesell". En 1943 se construyó un camino para que se pudiera acceder a la Villa en automóvil. Para resumir la historia, la Villa siguó creciendo y hacia 1960 se convirtió en la ciudad de crecimiento más rápido en el mundo. De la mano de Villa Gesell crecieron otras ciudades balnearias, como Cariló o Pinamar, que hoy se consideran balnearios de elite.
Desde el punto de vista del feng shui, lo que hizo Gesell fue crear un Dragón en donde no lo había.
En la imagen satelital de la derecha, el Dragón que se creó a partir del trabajo de Gesell se muestra entre las dos líneas amarillas, resposando tranquilamente a orillas del mar. El bosque permite retener el chi generativo y crea lugares habitables y prósperos en donde nada parecía poder crecer. Gesell tuvo tal vez "buena suerte" del Cielo, se las arregló para crear "buena suerte" de la Tierra y sin duda hizo mucho por su "suerte del hombre". Asi, cuando las tres suertes suman, nada parece ser imposible.
