miércoles 26 de diciembre de 2007

El Poder de los Objetos.

Hacia fin de año a veces uno se pone un poco nostalgioso: revisando cajones, encontré en mi mesa de noche una cámara de fotos Minox. Si nunca escuchaste hablar de ellas te cuento: la Minox (ver imagen) es una cámara de fotos en miniatura, construída en Alemania. En algunas películas de guerra o de espionaje antiguas puede ser que las veas: las usaban los "espías" para fotografiar planos o documentos secretos del enemigo. Entonces, cuando uno tiene una Minox se siente un poco James Bond, además para hacer correr el rollo de fotos la Minox se abre y se cierra en un movimiento que, en manos de un actor haciendo de espía, resulta muy interesante. Técnicamente es una joya, la Minox podía tomar fotografías tanto de una hoja escrita como de un paisaje con igual precisión. Pero hoy día no es muy práctico tener una Minox, al menos como cámara de fotos. Los rollos para la Minox son difíciles de conseguir y si se consiguen son carísimos, lo mismo que el proceso de revelado etc. Hoy en día un celular con cámara de fotos digital es apenas más grande que una Minox y mucho más práctico para sacar fotos. ¿Por qué, entonces, guardo la Minox tan cerca de mí? Porque la Minox la heredé de mi padre y es un recuerdo de él. Mi padre era aficionado a la fotografía y compró esa máquina que era una joya tecnológica de su tiempo. El tampoco la usaba mucho pero tenía un significado para él, asi como lo tiene para mí ahora. No es una máquina de fotos, es un recuerdo de mi padre, es parte de su historia, de su energía o Chi, y también es parte de la mía. Objetivamente podría considerarse una cosa inútil o tal vez una pieza de colección, pero subjetivamente, es mucho más lo que significa para mí. Asi, los objetos pueden tener dos dimensiones de significado completamente distintas: una objetiva y otra subjetiva. Esto es lo que siempre trato de explicar cuando alguien me pregunta ¿es cierto que los caracoles son malos? ¿es cierto que los cactus traen mala suerte? Y yo siempre respondo: "depende". Esto es equivalente a preguntar si la Minox trae buena o mala suerte ¿Cómo puede un objeto traer buena o mala suerte? ¿De qué depende? En buena medida, depende de lo que el objeto signifique para tí. Hay objetos o "curas" en el feng shui que sí tienen un valor objetivo, por ejemplo, cuando una determinada configuración energética en un espacio requiere de un elemento, digamos Metal, para equilibrarse. Pero hay otros casos que se basan en interpretaciones subjetivas. A algún autor se le ocurrió que los caracoles eran cosas muertas que traían mala suerte, pero esa es una interpretación subjetiva. Los caracoles pueden ser objetos de colección o recuerdos de una persona querida, igual que una Minox y este significado subjetivo se puede imponer sobre todo lo demás. Asi, en este campo, y dentro de ciertos límites razonables, mi recomendación es que busques dentro de tu propia experiencia qué es lo que las cosas significan. De hecho en ninguno de mis escritos encontrarás jamás una recomendación del tipo "no uses tal cosa porque traer mala suerte". Y así debe ser, a menos que prefieras convertir al feng shui en una simple superstición.

martes 11 de diciembre de 2007


El Misterio de los Espejos

Muchas de las preguntas que recibimos se refieren a los espejos: dónde colocarlos, si está bien o mal un espejo enfrentado a la puerta, si el espejo que acompaña al ba-gua o pa-kua debe ser cóncavo o convexo, si debe mirar hacia afuera o hacia adentro, si no se deben tener espejos en el dormitorio etc. El uso de los espejos en el feng shui fue popularizado especialmente por la escuela budista (sombreros negros) que los utiliza profusamente: ellos encuentran que los espejos son una cura para casi todo. La idea básica es que si el espejo refleja la luz también reflejará cualquier otro tipo de energía (recordemos que la luz es una onda electromagnética). La conclusión es que cualquier tipo de energía negativa o sha chi puede desviarse mediante el uso de un espejo. La forma convexa del espejo permite reflejar más en menos superficie y por eso los espejos "defensivos" adoptan esa forma. Para mi gusto, la escuela de los sombreros negros ha propiciado una suerte de abuso en el uso de los espejos. Extrapolar lo que sucede con la luz a cualquier otro tipo de energía es peligroso, dado que no todas las ondas electromagnéticas se comportan igual. Por ejemplo, un espejo no tiene ninguna utlidad para desviar las emisiones electromagnéticas de una antena o torre de alta tensión situada cerca de la vivienda.
Por otro lado, los espejos tienen algo "mágico" que los ha hecho protagonistas de muchas historias mitológicas y fantásticas. La imagen que reflejan los espejos se identifica a menudo con una contraparte "inmaterial", asimiliable al alma de la persona. Por eso se dice que los vampiros, que no tienen alma, no se reflejan en él. Como también se dice que al dormir se separa una especie de "doble etérico" del cuerpo, una gran superficie espejada cerca de la cama podría perturbarlo y esa es una de las razones para evitar los grandes espejos en el dormitorio. En otras culturas hay creencias similares: cuando un moribundo está a punto de dejar este mundo, es común que se cubran los espejos por temor a que el alma del agonizante quede encerrada en ellos.
En el cuento de Blancanieves, el espejo tiene la facultad de hablar y responder a las preguntas que le formula la madrastra. Indudablemente un espejo nos habla de nosotros mismos: en la imagen reflejada podemos analizar nuestro rostro, semblante, actitud, mirada...al mirarnos al espejo inevitablemente hacemos una evaluación de nuestra imagen y por lo tanto de nosotros mismos. Un acierto de la escuela budista es la recomendación de colocar un espejo en la puerta del refirgerador en caso de que uno se embarque en una dieta: ciertamente vernos algo obesos justo antes de abrir la puerta del refrigerador puede ser una manera de mantener la motivación durante la dieta.
En todo caso, el espejo es un silencioso testigo de lo que se refleje en él. Si le entregamos una imagen positiva, nos devolverá lo positivo. Si le entregamos una imagen negativa, la devolverá también. Esta es la clave para la ubicación de los espejos: colócalos sólo donde tengas la seguridad de que duplicarán lo positivo.