El ser humano es muy ingenioso y a veces hasta bien intencionado, pero con frecuencia, a sus proyectos les sale el tiro por la culata. Es bien conocido el caso de la represa de Asuan. Es una obra maravillosa de ingeniería, para construirla, algunos templos egipcios, como el de Abu-Simbel, debieron ser transladados pieza por pieza y reconstruídos en otro sitio. Los ingenieros que la proyectaron y construyeron hicieron muy bien su trabajo pero no pudieron prever los efectos colaterales indeseados que produjo la represa. El enorme volumen de agua estancada promovió la proliferación de enfermedades como la malaria y la esquistozomiasis, el control inadecuado del flujo del río Nilo acabó con las crecientes periódicas que fertilizaban la tierra, reduciendo drásticamente la superficie de tierras cultivables. Hoy, los gastos inesperados que produjo la represa exceden largamente a los beneficios que brinda: en resumen, hubiera sido mejor no hacerla.
Durante la década de los ´90 se dio en Argentina el "boom" (palabra que odio porque me suena a globo inflado que revienta) de los countries y barrios privados cercanos a la ciudad de Buenos Aires. Proliferaron todo tipo de emprendimientos cuyo lema era "mejorar la calidad de vida" tentándonos con el sueño de la "casita en la pradera": rodeados de verde, de naturaleza, sin smog, en un sitio seguro, en donde los niños pudieran jugar en las calles etc. etc. La mayoría de estos barrios se encuentra a unos 45km de la Capital, y la mayoría de las personas que viven allí trabajan en la Capital, quedando obligadas a un desplazamiento diario de unos 80-90km. Pero claro, se construyeron autopistas y se vendió la idea de que estos lugares estaban "a sólo 20 minutos del centro de la ciudad" calculando que un automóvil circulando a 130km/h por la autopista cubriría esa distancia en ese tiempo. Tentados por esta idea, muchas familias emigraron hacia los countries, a punto tal que la población de la Capital, en el último censo, registró una disminución.
Poco más de una década más tarde comenzamos a darnos cuenta de la dura realidad. Las autopistas colapsan cada mañana y los 20 minutos se transforman en más de 60, con suerte y si no ocurre ningún accidente. Pero los accidentes son casi cotidianos por la gran cantidad de vehículos circulando con conductores nerviosos y tensos al volante. Recientemente se difundió la noticia de que cada mañana ingresan a la Capital, por los distintos accesos, UN MILLON DE VEHICULOS y que el colapso de las autopistas no tiene solución a corto plazo.
Consideren además lo siguiente: un automóvil que circula 80km recorre, en un año, 29200km. Estimando un consumo promedio de 10 litros de combustible por cada 100km, el gasto es de 2920 litros de combustible. En la página http://www.ceroco2.org calculamos que, con ese consumo, cada automóvil libera la atmósfera, en un año, casi SIETE TONELADAS DE GASES QUE CONTRIBUYEN AL EFECTO INVERNADERO. Si, leyeron bien, la cifra exacta e 6,745 toneladas.
Ahora multipliquen esas SIETE TONELADAS por UN MILLON DE VEHICULOS y tendrán una buena idea del desastre: SIETE MILLONES DE TONELADAS ANUALES de gases contaminantes liberados en pos de la "calidad de vida". Para compensar esa emisión harían falta UN MILLON DE HECTAREAS DE BOSQUE (una hectárea procesa 6,25 ton/año), o sea CINCUENTA VECES LA SUPERFICIE DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES.
No hay ninguna autoridad que haga nada al respecto ni hay proyecto alguno que pueda mejorar la situación. Previendo que los countries comenzarán a despoblarse, en Buenos Aires hay un "boom" (otro globo a punto de explotar) de la construcción: gigantescas torres se levantan por doquier (ver entrada Oda a las ciudades del 10/12/06) para albergar a las familias pudientes que intentarán mejorar su "calidad de vida" regresando a la ciudad. Seguramente en menos de una década asistiremos al espectáculo de una ciudad superpoblada e inhabitable.
Mientras no comprendamos que nuestro paradigma actual de urbanización basado en la concentración de la población en ciudades es insostenible, ya no a largo plazo sino a corto plazo, nada podremos solucionar. Mientras no veamos más allá de los intereses económicos del momento, mientras no haya una autoridad competente que comprenda estas cosas y sea capaz de hacer algo para revertirlas, con planificación y con criterio, hay muy poca esperanza de que la "calidad de vida" pueda mejorar alguna vez.
Etiquetas: "city life", countries y barrios privados, efecto invernadero

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